Los excesos de la élite que controla la Economía Mundial (Foro Económico de Davos)

Actualidad, Economía, Geopolítica
LA REVOLUCIÓN PACÍFICA
El Foro Económico Mundial (WEF), el encuentro de líderes que se celebrará en Davos (Suiza) a partir de hoy, es una cita clave que mueve montañas de dinero. También para los participantes, cuyo presupuesto para esos cinco días entre la ‘crème de la crème’ de la política y las finanzas puede ascender hasta el millón de dólares (864.000 euros).
La tormenta monetaria que desató el Banco Central Suizo la semana pasada va a ser, probablemente, un comodín fácil con el que Ana Botín, Francisco González o Ignacio Sánchez Galán van a poder romper el hielo en las reuniones que tienen programadas durante el Foro Económico Mundial (WEF), ese cónclave que reunirá de miércoles a domingo en los Alpes suizos a los políticos y empresarios que mueven el mundo.

Pero es que, además, ellos y el resto de los 2.500 invitados de la conferencia van a sentir en sus bolsillos esa repentina decisión de eliminar el tope máximo del franco. La botella de Dom Perignon del año 2004 que podría coronar una de sus cenas en el hotel Seehof de Davos ha pasado de costar unos 280 euros hace una semana a más de 340 ahora mismo. El fuerte repunte del franco suizo frente al euro y al dólar estadounidense ha encarecido en torno a un 15% los gastos de esta cita. Y esto no es más que la punta del iceberg de unas facturas delirantes que, en casos extremos, coquetean con cifras finales de siete dígitos.
El presupuesto se dispara desde el primer momento. La entrada para los empresarios cuesta 20.000 francos (20.080 euros). Los políticos, por el contrario, suelen acudir invitados y lucen una flamante acreditación blanca (los más selectos portan una con holograma). Pero, para quien aún no se ha repuesto del susto, ahora viene lo mejor. Sólo los socios del WEF tienen derecho a comprar entradas. Y ser socio de la entidad sin ánimo de lucro que organiza la cumbre de Davos no es fácil. Ni gratis.
Según se explica en la web oficial del encuentro, hay cuatro modalidades de socio. La básica, con unas mil compañías; la de “socio regional”, con unas 90; la de “socio industrial”, con unas 400 multinacionales; y la de socio estratégico, que agrupa a unos 120 gigantes de todos los sectores productivos. ¿Y qué implican estas denominaciones? Según han explicado varios participantes a medios reconocidos como el New York Times, Bloomberg o la CNN, bajo la condición de mantener su anonimato, la contribución anual al WEF y el consiguiente nivel de privilegios que se obtienen.
Gasto estratégico
Según estos relatos coincidentes, nunca confirmados o desmentidos por la opaca organización suiza, la categoría básica cuesta al menos de 52.000 francos (52.210 euros) y da derecho a adquirir una única entrada, que acaba normalmente en manos del presidente o del director ejecutivo de la empresa de turno, y permite acceder tan sólo a los actos públicos. En el otro extremo se sitúa la modalidad “socio estratégico”, que por la módica cantidad de 530.000 francos (532.200 euros) permite comprar hasta cinco entradas (que supondrían otros 100.000 francos, no lo olvidemos), acceder a todos los encuentros privados que se organizan alrededor de la conferencia, ser ponente en una mesa redonda o debate público y, para tentar a los paladares más selectos, un permiso especial para que las limusinas personales puedan llevar a los directivos de puerta a puerta, algo vedado al resto de mortales. Por si fuera poco, la organización comunicó el pasado octubre por carta a sus “socios estratégicos” que a partir del próximo junio su cuota se elevará hasta los 602.000 euros al año, como reveló el Financial Times recientemente.
Una vez superado este primer trámite, queda aún mucho por pagar. En primer lugar, el viaje en avión a Zúrich, el aeropuerto más cercano, que, salvo a algunos afortunados directivos europeos, costará varios miles de euros a la mayoría de asistentes. Por ejemplo, un vuelo en clase business de Nueva York a la ciudad más poblada de Suiza oscila normalmente entre los 4.150 y los 6.200 euros. El coste de alquilar para esta misma ruta un jet privado puede, sin embargo, dispararse hasta los 60.000 dólares.
A continuación, resta tan sólo cubrir los 150 kilómetros que separan Zúrich de Davos. La organización pone a disposición de los asistentes al foro un servicio de autobús gratuito que cubre esta distancia en dos horas. Las vistas invernales son en muchos casos increíbles durante el serpenteante ascenso hasta los 1.540 metros de altitud a los que se sitúa esta localidad de 12.600 habitantes, pero pocos presidentes y CEO de multinacionales se decantan por esta opción… a pesar de que reduce su huella ecológica. Los más austeros pueden alquilar una limusina por unos 600 euros el trayecto. Entre los que cuentan con un presupuesto más generoso, la modalidad favorita es, sin embargo, el helicóptero. Una empresa local ofrece paquetes de ida y vuelta a Davos por unos 8.500 euros.

Un participante en el Foro Económico Mundial llega en helicóptero privado a Davos (Reuters).

Hoteles, chalés y cócteles 
El alojamiento es otra partida nada desdeñable. Davos está especializado en el turismo invernal de alto nivel, pero su puñado de hoteles de lujo, como el Seehof y el Belvedere (este último a unos 1.000 euros la noche por una habitación doble durante la conferencia) son incapaces de absorber la súbita avalancha de VIP. Los establecimientos más humildes de tres estrellas ofrecen tarifas en torno a los 500 euros la noche y no alcanzan los estándares de la mayoría de invitados. Así las cosas, la mayoría acaba decantándose por los chalés de alto standing en alquiler de los alrededores de la localidad, lo que encarece aún más la factura. Según una información, un unifamiliar como para dar cabida a diez personas, aunque sin grandes lujos, puede suponer unos 50.000 euros. En algunos casos, hasta con catering incluido. Una crónica de hace unos años daba cuenta de que un chalé para cinco personas que se alquilaba por 121.000 euros durante la semana del WEF.
La manutención, comparada con otros gastos de los asistentes al cónclave, parece el chocolate del loro. Según varias estimaciones, podría situarse alrededor de los 1.700 euros, siempre que no se esté obligado, por motivos de negocio, a convidar a media docena… o a varios cientos de personas. El menú estándar en el restaurante insignia del hotel Seehof cuesta unos 135 euros. Un cóctel privado de dos horas cuesta en torno a 13.000 euros, mientras que una gran fiesta para varios centenares de personas en uno de los grandes hoteles de Davos puede fácilmente superar los 215.000 euros. Y estas celebraciones no son cosa de pocos. Sólo el hotel Belvedere acoge entre cinco y seis fiestas cada noche durante los cinco días que dura la cita.
La organización del WEF, que no obtiene beneficios por su labor, precisó 173 millones de euros para poner a punto la edición del año pasado de la cita de Davos, según publicó recientemente el semanario The Economist. Algo más de 1,4 millones de euros por hora de cumbre. Unos 400 euros por segundo. En comparación, Leo Messi cobró el año pasado unos 38 euros por minuto (real, no de juego). Según las últimas cuentas que ha presentado la organización, sus presupuestos se reparten casi al 50% entre los gastos de personal (con casi 600 personas a tiempo completo más eventuales) y costes de los actos de estos días.
¿Por qué merece la pena?
Con estas cifras sobre la mesa cabe preguntarse si realmente compensa semejante esfuerzo económico participar en la iniciativa que puso en marcha hace ya 45 años el alemán Klaus Schwab en el pueblo en el que el escritor Thomas Mann ambientó su obra La montaña mágica. Y la mejor respuesta son los hechos. La gente que quizá más sabe sobre hacer rendir su capital repite año tras año en la cumbre suiza.
Como dijo una vez un veterano del encuentroen último término, contactos son contratos. Y Davos es el lugar perfecto para encontrarse con todos los que cortan el bacalao de la política y los negocios a nivel mundial. Si a raíz de esta visita a los Alpes suizos se cierra un negocio de cientos de millones de euros, el gasto del WEF estuvo bien invertido. Este año el WEF va a acoger a jefes de Estado de 40 países y a 1.500 altos directivos.
La leyenda cuenta cómo algún alto directivo despachaba en este foro agendas maratonianas, con un encuentro programado cada media hora. Otro habitual de la cita, tirando de pragmatismo, ha explicado que en un par de días en Davos logra entrevistarse con decenas de presidentes de países en los que operaba. En el fondo, argumenta, con este dispendio se está ahorrando una enorme cantidad de tiempo y dinero, porque si no hubiese tenido que volar a todas esas naciones.
“Sigue siendo la mejor oportunidad del mundo para aprender y hacer networking. Frenético y demandante, pero muy estimulante”, explica Martin Sorrell, director ejecutivo del grupo de publicidad WPP. Alec Hogg, fundador y editor de Biznews.com y habitual del WEF, apostilla:Este es el lugar donde se fija la agenda económica global”.

El Confidencial

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